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¿Cuál es tu tipo de atado? Os explicamos diferentes opciones.

Publicado el : 02/08/2018 12:04:54
Categorías : BIKILA TV

Algo tan habitual como atarse las zapatillas no suele ser objeto de atención por nuestra parte, pero existen infinidad de maneras de hacerlo y casi todas ellas no requieren de ninguna dificultad, pero son de lo más eficientes. De cómo ajustemos las zapatillas para correr va a depender en gran medida el disfrute de nuestra carrera. A todos nos habrá pasado alguna vez que tengamos que parar, o estemos deseando encontrarnos con un semáforo en rojo para ajustarnos mejor el calzado. Para nosotros, incluso forma parte de nuestra liturgia del running. Siempre, en los días de series y competiciones, después de realizar el calentamiento y los suaves estiramientos, nos "reatamos" las zapatillas más fuerte antes de realizar los últimos progresivos anteriores al ejercicio intenso. Debemos tener en cuenta que en los ejercicios de alta intensidad, el golpeo del pie en el suelo y su impulso van a ser más violentos y agresivos y conviene que el pie no trabaje de más. Por otro lado, también conviene asegurarnos que no hemos dejado los cordones flojos y nos jueguen una mala pasada, aunque a veces es la excusa perfecta.

Atado cruzado superior convencional. Conveniente para los pies normales y anchos porque deja más espacio en la zona del empeine.

Atado cruzado inferior convencional. Conveniente para los pies estrechos y para las competiciones cortas porque ajusta más y deja el empeine más recogido.

Atado en paralelo. Es el atado tradicional en el calzado de moda, por ser más estético, pero no tira simétricamente de los laterales de la zapatilla y por lo tanto no es el idóneo para los ejercicios de intensidad.

Atado con ojales libre. Es la opción más interesante para liberar de presión a determinadas zonas del pie que sufren de roces o inflamaciones. Normalmente son las producidas en la cabeza del primer o quinto metatarso.

Atado con corbata en último agujero. Para muchos esta es la única forma de atarse las zapatillas. Se caracteriza por dejar el tobillo firmemente sujeto y transmite una sensación de seguridad y control que no se consigue con los sistemas habituales de cordaje. Funciona muy bien en las zapatillas que tienen el collarín un poco bajo, o más ancho, porque evita o disminuye en gran medida la sensación de chancleteo. Además, con esta forma de corbata evitamos la concentración de cordones en la zona alta del empeine que podía llegar a provocar excesiva presión.

El último ojal. Como en el punto anterior, esta forma de atar las zapatillas nos aporta mucha sujeción, aún más si cabe, pero suele estar reñida con los pies de empeine alto o las zapatillas con cordones poco generosos de longitud.

Por último, no podemos dejar de recordaros que una vez que hemos acabado el entrenamiento o competición, es recomendable desabrocharse las zapatillas y no descalzarse pisando el talón con el otro pie, pues esto provoca holguras en el collarín de la zapatilla y eventuales despegados de las suelas. Aunque a veces no nos quedan fuerzas para hacerlo de otra manera.

¡Toma nota!

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